Durante mucho tiempo, los museos se consideraban espacios silenciosos, formales y poco adecuados para los niños. Pero todo ha cambiado y hoy en día los museos son espacios privilegiados para la educación no formal y, cada vez más, lugares donde se combina el aprendizaje con la diversión.
Así que la respuesta corta es: sí, debemos llevar a los niños al museo, y cuanto antes, mejor.
La respuesta más amplia implica una pequeña reflexión sobre la educación patrimonial, la emoción, la alfabetización cultural, la ciudadanía y el futuro.
¿Por qué debemos llevar a los niños al museo?
El museo como espacio de descubrimiento
Para un niño, un museo puede ser un lugar mágico. Objetos antiguos, pinturas llenas de color, historias de otros tiempos y culturas despiertan la curiosidad natural de la infancia.
A diferencia del aprendizaje escolar tradicional, el museo ofrece experiencias sensoriales y visuales, lo que permite aprender a través de la observación, la imaginación y las preguntas.
Incluso cuando el niño no comprende totalmente el contenido, experimenta el espacio: las formas, las dimensiones, los materiales y las narrativas.
Las experiencias que vivimos cuando llevamos a los niños al museo construyen recuerdos y crean familiaridad con la cultura.
Educación fuera del aula
Llevar a los niños al museo es una forma poderosa de educación no formal. Los museos ayudan a desarrollar:
el pensamiento crítico
la capacidad de observación
la curiosidad cultural
la noción del tiempo histórico
el respeto por el patrimonio
Muchas instituciones ya han adaptado sus exposiciones con un lenguaje accesible, actividades interactivas y programas educativos diseñados específicamente para el público infantil.
No olvidemos tampoco que la relación afectiva entre el educador, ya sea formal o informal, se refuerza en contextos fuera del aula, llevando a los niños al museo o a espacios lúdicos o naturales.
Debemos pensar también que llevar a los niños al museo puede ser un complemento y un facilitador del aprendizaje programático en el aula.
Explicar los sólidos geométricos a partir de una obra cubista, entrenar posturas a partir de la observación de una obra de arte, aprender el nombre de frutas u hojas a partir de un bodegón o ensayar pequeños pasos de baile mirando una escultura pueden ser buenas ayudas para profesores y educadores.
El museo ya no se posiciona en la sociedad como un espacio «aparte», sino como un instrumento de integración y participación social y comunitaria.
Al llevar a los niños a los museos, contribuimos directamente a los principios de la educación patrimonial y la mediación cultural.
Educación patrimonial
La educación patrimonial busca crear vínculos entre las personas y el patrimonio, promoviendo el sentimiento de pertenencia, identidad y responsabilidad colectiva. No se trata solo de transmitir información, sino de construir significado a partir de la relación entre el público y los bienes culturales.
Mediación cultural
La mediación cultural, por su parte, funciona como puente entre el objeto, el espacio museístico y el visitante. En el caso de los niños, esta mediación debe ser sensible, lúdica y participativa, valorando la pregunta, la interpretación personal y el diálogo. El mediador no es solo quien explica, sino quien facilita experiencias, crea conexiones emocionales y estimula el pensamiento crítico desde temprana edad.
Al integrar la educación patrimonial y la mediación cultural en las prácticas museísticas, el museo deja de ser un espacio distante y se convierte en un lugar de pertenencia, donde el niño se reconoce como parte de la historia y la cultura que lo rodea.
«Pero los niños no se comportan bien en el museo…».
Este es uno de los argumentos más comunes, y también uno de los más injustos.
Los niños son curiosos, expresivos y activos por naturaleza. En lugar de verlo como un problema, debemos considerarlo una oportunidad para replantearnos el museo.
Educar para el museo también es enseñar cómo comportarse en el museo. Con preparación, diálogo y propuestas adecuadas a su edad, los niños aprenden gradualmente a respetar los espacios culturales sin perder su espontaneidad.
Crear futuros públicos de la cultura
Un niño que visita museos tiende a convertirse en un adulto que valora el patrimonio, la ciencia, el arte y la historia. Es decir, llevar a los niños al museo no es solo una actividad de ocio, sino una inversión cultural y social a largo plazo.
Al incluir a los niños, los museos se vuelven más vivos, más inclusivos y más relevantes para la sociedad.
El patrimonio que protegemos hoy es el que los niños cuidarán mañana.
Conclusión
Sí, debemos llevar a los niños al museo. No para que se comporten como adultos en miniatura, sino para que sean niños curiosos en un espacio cultural. El museo no debe ser un lugar prohibido para la infancia, sino un territorio de encuentro entre el conocimiento, la emoción y la imaginación.
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Licenciada en Historia – Historia del Arte, por la Universidad Nova de Lisboa. Posgrado en Gestión y Valorización del Patrimonio por la UAL. Especialización en Gestión de Proyectos Culturales. Varios cursos de formación y especialización en el área de la valorización del patrimonio, conservación y restauración, museología y formación profesional.
Coordinación de varios proyectos relacionados con el Patrimonio Histórico y artístico, proyectos pedagógicos y de formación profesional en varias entidades. Autora de varias publicaciones y comunicaciones. Creación y coordinación del proyecto de desarrollo de contenidos virtuales: Historia | Arte | Cultura.
Algunos ejemplos
Actualmente, prácticamente todos los museos y espacios culturales cuentan con una programación para escuelas, familias y eventos temáticos durante todo el año (talleres, visitas guiadas, narración de cuentos, etc.), ya sea que dispongan de servicios educativos estructurados o solo de pequeños núcleos.
Siempre vale la pena explorar las ofertas de educación patrimonial de estos espacios cercanos a ti.
A continuación te presentamos solo algunos ejemplos.
Además de su amplia colección de arte, el Museo del Prado cuenta con programas educativos específicos como Prado Educación y actividades con audioguías y juegos de pistas orientados a los niños, acercando las colecciones a la experiencia infantil.
Museo interactivo de ciencias donde los niños descubren conceptos científicos a través de experiencias prácticas, exposiciones envolventes y programas familiares: un espacio que combina el aprendizaje y el juego.
Museo interactivo con ilusiones ópticas y espacios para explorar y experimentar la ciencia y la percepción de forma divertida, ideal para niños y familias.